parte 1
La Tiranía del Escaparate de la Mujer «Filtro»
¿Cuántas veces entramos a las redes sociales buscando un momento de distracción y salimos de ellas sintiéndonos más insatisfechas y vacías?
Las mujeres tienden a cumplir con ciertos prototipos promovidos por los diferentes medios que podríamos llamar escaparates, esto no es algo actual, pero hoy más que antes se han vuelto un campo de batalla y un campo de estudio desde inicios del s. XXI. Por ejemplo, algunos psicólogos enfocaron su atención en las distorsiones corporales que muchas adolescentes experimentaban en la búsqueda de tener el cuerpo perfecto, y claro, lo que hay detrás: seguridad, felicidad, plenitud, etc. Poco a poco, se ha ido normalizando, y se ha ido diversificando este ‘deseo’ de la llamada «estética de la comparación» impactando nuestra mente, nuestra identidad y nuestro espíritu.
La Asociación Americana de Psicología afirma que la insatisfacción corporal en mujeres de entre 35 y 40 años ha subido un 20% en la última década. La razón es clara: el impacto de los filtros y la cultura del retoque digital ha creado un estándar de belleza inexistente que intentamos alcanzar a toda costa, así que no es raro que cuando entramos a redes sociales y somos bombardeadas por imágenes de mujeres que parecen no envejecer, no cansarse y no tener poros, ser exitosas, felices y además tienen todo lo que desean. ¿Te ha pasado que al ver estas ‘mujeres filtro’ te llega una sensación de ‘Yo quiero eso’? ¿Cuántas veces te has puesto metas para alcanzar un poco de ‘eso’? O, ¿Alguna vez has despreciado tu imagen cuando la ves ante el espejo?
Como puedes darte cuenta, este tema no es superficial; es una desconexión profunda entre nuestro ser. La comparación es como un ladrón que no solo te quita tu seguridad, sino que también hiere tu espíritu sembrando desórdenes espirituales que te atan de manera cíclica, un poco más adelante hablaremos de eso. Por el momento vemos la comparación desde la neuropsicología.
¿Qué pasa en el cerebro de una mujer cuando se compara?
Como mujeres contemporáneas, navegamos entornos muy competitivos (en el trabajo, en la crianza, en la vida social) con un cerebro que, a pesar de los avances en civilización, sigue mostrando raíces de hace miles de años donde se marcan pautas de pertenencia y estatus dentro de una tribu. Son procesos complejos que, cuando se desajustan, pueden llevarnos a enredarnos en consecuencias no deseadas.
El primer movimiento es visual: cuando una mujer observa a otra y comienza el proceso de comparación social:
1. El «pinchazo» de la inferioridad: Corteza Cingulada Anterior (CCA)
La CCA es la misma área que procesa el dolor físico. El cerebro interpreta la «inferioridad social» como una herida real. La comparación duele físicamente ya que no distingue entre un daño físico y un daño social.
- El ejemplo: Imagina que asistes a un desayuno de exalumnas. Observas la casa, su excelente decoración y buen gusto. Entra Mary, que luce impecable, habla con una elocuencia asombrosa y comparte con naturalidad el éxito de su nuevo proyecto. En ese instante, sientes una opresión real en el pecho o un hueco en el estómago.
- Lo que realmente pasó: No es una exageración superficial cuando dices que «te dolió» verla así. Tu CCA se encendió exactamente de la misma forma que si te hubieras golpeado el dedo pequeño del pie contra la pata de la mesa. Para tu cerebro, percibirte «por debajo» de otra mujer en la escala social se interpreta como una herida física que pone en riesgo tu supervivencia en el grupo. Puede encender frases de juicio que sostienen ese dolor: ‘mira la que nadie daba un peso por ella y ahora…’, ‘ha hecho más que yo’; o algún otro para salir de él: ‘seguramente son apariencias’, ‘yo que soy mejor y no he podido, algo raro debió haber hecho’.
2. El apagón del bienestar: caída de dopamina y serotonina
Cabe notar que estos neurotransmisores (mensajeros químicos del cerebro) regulan tu energía, tu motivación y tu paz mental.
- El ejemplo: Después de la cena, regresas a tu casa. Observas tu sala, que ayer te parecía acogedora, y ‘de repente’ la notas vieja o pequeña, además de que el proyecto en el que estabas trabajando con tanta ilusión, ‘lo valoras’ o te parece mediocre. Te preparas una cena que te encanta, pero ahora te sabe insípida.
- Lo que sucedió en tu cerebro: Al registrar una pérdida de estatus frente a la otra persona, tu cerebro bloquea el grifo de la dopamina (la hormona de la recompensa y el entusiasmo) y de la serotonina (la de la satisfacción y la calma). Entras en un estado de desamparo y falta de placer en la propia vida. Como puedes ver, realmente nada en tu vida real cambió en esas dos horas, pero tu percepción se volvió gris porque te quedaste en «números rojos» químicos. Aquí se empieza a despertar un deseo espiritual que puede buscar copiar el estilo (cosas) o imitar actitudes (atributos de otra persona) como falsas señales para compensar esa caída. Aquí no es raro que salgas de compras y con eso inyectes más bienestar; esto ayuda, pero no resuelve el punto central.
A este punto, tu sistema se resiste a ese horrible sentido de inferioridad y trata de compensar tratando de nivelarte. Así llegamos al tercer elemento.
3. La recompensa oscura: estriado ventral
El estriado ventral es el sistema de recompensa que busca placer rápido y eficiente. En este sentido, trata de llevarte a un posicionamiento superior respecto a la persona que te estás comparando, Mary. Para llegar ahí ya has pasado por la desolación, el enojo y una motivación para lograrlo. Esto es peligroso porque se vuelve adictivo: necesitas que a alguien le vaya mal o se vea mal para tú sentirte bien.
- El ejemplo: esa misma noche después de tu insípida cena, agarras el celular y empiezas arevisar el Instagram de Mary y por fin llegas a la nota del fracaso amoroso y de que las cosas no iban bien en su negocio hace unos años. En un rincón muy oculto de tu mente, sientes un pequeño chispazo de satisfacción, acompañado de una pequeña sonrisa, respiro y de frases de alivio: ‘Vaya, al menos yo sigo con mi matrimonio’, ‘ya decía yo que no todo era perfecto’,
- Lo que pasa en tu cerebro: Tu estriado ventral acaba de recibir una descarga de dopamina barata. El problema de la comparación descendente (sentirte superior) es que es un analgésico temporal muy adictivo. Si tu cerebro aprende que la forma más fácil de sentirse valiosa es que a otra mujer le vaya mal o se vea mal, te volverás una cazadora de defectos ajenos para poder mantener tu propio equilibrio emocional.
Esto se puede volver acumulativo, repetitivo y multiplicado en muchas situaciones donde te sientes expuesta, vulnerable y presa de la inferioridad. De esta manera el cortisol se eleva, la rumiación (pensar en bucle, dándole vueltas a lo mismo). Te roba el sueño, la paz y, con ello, la posibilidad de restaurar los niveles bioquímicos de todo tu cuerpo, afectando no sólo el colágeno de tu piel, sino que también debilita tu sistema inmunológico, dejándote más propensa a enfermarte y puedes presentar algunos desórdenes emocionales:
- Ansiedad por Estatus: Una preocupación constante por no estar «a la altura» de los estándares sociales o digitales.
- Depresión por Insuficiencia: El sentimiento de que, por mucho que te esfuerces, nunca alcanzarás la perfección editada que ves en los demás.
- Resentimiento: Una amargura silenciosa contra la vida o contra los demás por tener lo que tú crees que mereces.
Es un proceso lento de sustitución de tu identidad con la de un ’yo prestado’, frágil y dependiente de alguien más, además de cegarse ante sus propios talentos y aunque construya esa ‘nueva identidad’ con base en otra persona, siempre tendrá la duda de si eso es suyo o no, y si toda esa labor es suficiente. La respuesta es casi siempre no.
¿Qué parte de tu identidad está agonizando por intentar copiar una vida que no es la tuya?
Si hoy dejaras de compararte con otras mujeres, ¿qué harías con toda esa vitalidad y tiempo recuperados?
Espera la segunda parte donde hablaremos sobre lo que sucede en nuestro espíritu.



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