
¿Cuándo fue la última vez que estuviste físicamente en un lugar y tu mente no estaba en el siguiente compromiso?
La mujer contemporánea se enfrenta a una paradoja digital y espiritual: nunca hemos estado tan conectadas con el mundo y, a la vez, tan desconectadas de nosotras mismas y de Dios. Te levantas y, antes de dar gracias por el milagro de la vida, el celular ya ha depositado en tu mente el caos del mundo: correos del jefe que «necesita esto para ayer», notificaciones de grupos escolares, noticias alarmantes y la presión estética de redes sociales.
Te conviertes en un procesador de datos. Tu cerebro opera en modo «pestañas abiertas». Estás desayunando con tus hijos, pero mentalmente estás redactando un informe. Estás en la Santa Misa, pero tu cabeza repasa la lista del supermercado o la tensión de una conversación pendiente. Este fenómeno se llama atención residual. Cuando saltas de una tarea a otra, una parte de tu atención se queda pegada en la tarea anterior, impidiéndote estar presente en la nueva, y mucho menos gozar y disfrutar del hoy, del aquí y del ahora, ¿te suena familiar?
Según el Microsoft Work Trend Index (2024), el 68% de las mujeres profesionales declaran que no tienen suficiente tiempo de concentración ininterrumpida durante el día. Esto no es solo un problema de productividad; es un problema que se mina y trasciende a lo espiritual. Si no puedes concentrarte, no puedes atender a los tesoros de tu entorno, ya ni siquiera contemplarlos. Y si no puedes contemplar, la paz mental y la vida espiritual se vuelven tareas pendientes en lugar de realidades vividas.
Imagina que tu vida es un cable de fibra óptica cuya función es única y poderosa: transmitir luz (que en nuestra vida es la Gracia de Dios) a una velocidad y pureza increíbles para iluminar tu hogar, tu trabajo y tu entorno. Pero ¿qué pasa si el cable está deshilachado? ¿Qué sucede si la fibra se fragmenta en mil hilos delgados y dispersos para intentar conectar con mil dispositivos distintos a la vez? Así es: la luz se dispersa y la señal se debilita impidiendo el reconocimiento de Dios en cada realidad, y al mismo tiempo no conectas con ellas para dar ese amor divino que en ti está deseoso de ser compartido. Si esta situación persiste por mucho tiempo, el cable se calienta y puede terminar por quemarse.
Cuando vives en multitasking, tu «fibra» se rompe. La Gracia de Dios sigue fluyendo —porque Su amor es constante—, pero tú no tienes la capacidad de transmitirla con fuerza porque estás «rota» en tu atención.
«Donde está tu atención, está tu vida». Si tu atención está dividida, tu vida está diluida.
La Presencia Habitada
La presencia Habitada no es simplemente una técnica de gestión del tiempo, tiempo que muchas mujeres refieren ‘no tener’ para justificar sus ausencias; es un estado de conciencia donde tu ser y lo que estás haciendo se reconcilian bajo la mirada de la atención presente. Este arte de volver a unir esos hilos, de soldar el cable con la atención, con la voluntad y oración, para que la luz pase limpia y potente a través de una sola acción a la vez.
Por otro lado, el filósofo Byung-Chul Han advierte sobre la «Sociedad del Cansancio», donde nos autoexplotamos creyendo que ser multitareas nos hace libres, cuando en realidad nos vacía (Han, 2012). La Iglesia, a través de la encíclica ‘Laudato Si’, el Papa Francisco nos invita a una «sobriedad feliz», que incluye la capacidad de detenerse a dar gracias y estar presentes, rompiendo la dinámica del consumo voraz de información (Francisco, 2015).
Para San Josemaría Escrivá la presencia habitada se traduce en la Unidad de Vida. De esta manera, aunque hoy parezcan dos cosas distintas y a veces irreconciliables, el trabajo no es una interrupción de la oración, es decir, ya sea que esté diseñando una estrategia de marketing o bañando a sus hijos, está realizando una función sacerdotal si lo hace con presencia total. En palabras de Jean-Pierre de Caussade (jesuita del siglo XVIII), la voluntad de Dios no es un plan lejano, sino que se manifiesta en el deber del momento. La presencia habitada es «habitar» ese deber con total aceptación. Si estás frente a un correo difícil, Dios está ahí, en la textura de esa dificultad.
Thomas Merton, monje trapense y místico moderno, exploró cómo el ruido del «falso yo» (el ego que busca éxito, validación y multitasking) nos impide habitar nuestra verdadera identidad. Es pasar de una vida de reacción (responder a cada notificación) a una vida de respuesta (actuar desde el centro del alma).
La Anatomía de la Presencia Habitada
Para que esta presencia sea «habitada» y no solo «estar ahí», deben converger tres ejes que puedes trabajar en tus sesiones de coaching personal y diseñar con tu coach estrategias específicas para ti y tu realidad.:
- Eje Físico (El Cuerpo): Tu cuerpo debe estar anclado. La mujer de 35 años suele vivir «adelantada» (su pecho y cabeza van físicamente más rápido que sus pies). Habitar el cuerpo es sentir el peso de tus pies, tu respiración y el contacto con lo que tocas. Es el mindfulness cristianizado.
- Eje Mental (La Atención): Es la renuncia voluntaria a la «dispersión». Es decir: «Ahora estoy haciendo esto, y solo esto». Es una ascesis (ejercicio de voluntad) contra el algoritmo que busca distraerte.
- Eje Espiritual (La Intención): Es el «Para Qué». En la Presencia Habitada, la intención es el Amor. Hago esto por Amor y con Amor. Esto transforma una tarea técnica en un acto espiritual enriquecedor.
Recuerda: «Tu presencia es el regalo más caro que puedes hacerle a alguien». Cuando estás presente, validas la existencia del otro y la tuya propia ante los ojos de Dios.
No busques «gestionar el tiempo», busca gestionar tu ser. El tiempo es una cantidad fija, pero tu presencia es una cualidad infinita
¿A qué distracción le vas a decir «no» mañana para decirle «sí» a tu paz mental?
Referencias Bibliográficas
- Caussade, J. P. (2005). El abandono en la Divina Providencia. Espiritualidad.
- Escrivá de Balaguer, J. (2001). Amigos de Dios. Rialp. https://www.escrivaobras.org/book/amigos-de-dios.htm
- Francisco. (2015). Carta Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
- Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder Editorial. https://herdereditorial.com/la-sociedad-del-cansancio
- Merton, T. (1961). New Seeds of Contemplation. New Directions.
- Microsoft. (2024). Work Trend Index Annual Report: Personal Productivity vs. Digital Debt. Microsoft Corporation. https://www.microsoft.com/en-us/worklab/work-trend-index/



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